claves educativas


Ayer, leyendo el periódico me encontré con un artículo del escritor Gustavo Martín Garzo. Para quien no conozca su obra les diré que además de novelista, fue Premio Nacional de Literatura infantil y juvenil en el 2004, con el libro titulado “Tres cuentos de hadas” publicado por Siruela.

De modo que yo leía el periódico y me encuentro con el artículo de opinión titulado “La educación de los niños”… y claro, tuve que leerlo. Comenzaba así:

En una ocasión, Fabricio Caivano, el fundador de Cuadernos de Pedagogía, le preguntó a Gabriel García Márquez acerca de la educación de los niños. “Lo único importante, le contestó el autor de Cien años de soledad, es encontrar el juguete que llevan dentro”.

Me pareció magnifico… ya saben ustedes lo que se suele decirse de América Latina… que es un continente donde los filósofos no tiene hueco, porque los narradores hacen todo el trabajo. Y ciertamente, tantas vueltas con la pedagogía… y resulta que el secreto está en aventurarse en buscar en el abismo del alma inocente… aunque puede que en realidad debamos buscar lo que hemos sembrado, sin saberlo, en los primeros años. Y vuelvo a Garcia Marquez y su juguete favorito.

Desde que conocí a Garcia Marquez (literariamente) , allá por mis 15 años, siempre había sido una debilidad para mí, pero cuando leí la autobiografía de su infancia, “Vivir para contarla”… creo que desde entonces no hay nada que no vaya a perdonarle. En el segundo capitulo, cuenta que después de una visita al circo con su abuelo, donde vieron un dromedario, al que su abuelo nombró camello… y fue corregido por un desconocido, sucedió algo realmente mágico, por lo real

El abuelo no era un hombre culto, ni pretendía serlo, pues se había fugado de la escuela pública de Riohacha para irse a tirar tiros en una de las incontables guerras civiles del Caribe. Nunca volvió a estudiar, pero toda la vida fue consciente de sus vacíos y tenía una avidez de conocimientos inmediatos que compensaba de sobra sus defectos. Aquella tarde del circo volvió abatido a la oficina y consultó el diccionario con una atención infantil. Entonces supo él y supe yo para siempre la diferencia entre un dromedario y un camello. Al final me puso el glorioso tumbaburros en el regazo y me dijo:

Este libro no sólo lo sabe todo, sino que es el único que nunca se equivoca.

Era un mamotreto ilustrado con un atlante colosal en el lomo, y en cuyos hombros se asentaba la bóveda del universo. Yo no sabía leer ni escribir, pero podía imaginarme cuánta razón tenía el coronel si eran casi dos mil páginas grandes, abigarradas y con dibujos preciosos. En la iglesia me había asombrado el tamaño del misal, pero el diccionario era más grueso. Fue como asomarme al mundo entero por primera vez.

¿Cuántas palabras tendrá? —pregunté.

Todas —dijo el abuelo.

El juguete de Garcia Marquez, eran las palabras, y le iba mal en la escuela, hasta que un maestro, dio con la clave. Y no es que uno eduque a sus hijas e hijos para que lleguen a ser un premio Nobel (¿acaso es eso relevante en la vida?), sino para que sean felices… para que encuentren aquello que les apasiona de verdad, y sus días no sean una pesada carga de tristeza y monotonía.

Yo andaba ayer contando cuentos por el este de Badajoz, y como no sé manejar un auto, no me apasiona, me transportaba un amable taxista con el que ¡como no! Enseguida encontramos algo que nos preocupaba a los dos, la educación. El, un joven que comienza recién una vida independiente, y yo, una madre de dos adolescentes… con más dudas que al comienzo del sendero educativo, encontramos nuestro lugar común hablando de educación. El taxista me explicaba que él pasó su infancia siendo la sombra de su padre, que tenía un taxi y un olivar, porque no había nada en el mundo que le gustara más que compartir el tiempo con su progenitor… ni TV, ni fútbol, ni amigos de su edad. Que nadie comprendía aquello, pero que sus padres, pese a sus buenas notas, no lo obligaron a estudiar una carrera, porque estaba claro que la vida que lo hace feliz, es la misma que los ha hecho felices a ellos. Me tuvo pensando todo el día… y después, por la noche leyendo el artículo de Gustavo Martín me acordaba de mi nuevo amigo, “Un niño feliz no sólo es más alegre y tranquilo, sino que es más susceptible de ser educado, porque la felicidad le hace creer que el mundo no es un lugar sombrío, hecho sólo para su mal, sino un lugar en el que merece la pena estar, por extraño que pueda parecer muchas veces.”

Y para terminar de darme en el gusto, reflexiona con Salinger, que es mi segundo gran amor:

“En El guardián entre el centeno, el muchacho protagonista se imagina un campo donde juegan los niños y dice que es eso lo que le gustaría ser, alguien que escondido entre el centeno los vigila en sus juegos. El campo está al lado de un abismo, y su tarea es evitar que los niños puedan acercarse más de la cuenta y caerse. “En cuanto empiezan a correr sin mirar adónde van, yo salgo de donde esté y los cojo. Eso es lo que me gustaría hacer todo el tiempo. Vigilarlos”.

No impedirles jugar, soñar, disfrutar del sol o la lluvia, no asustarlos con el miedo al abismo insondable que es la vida, pero estar ahí, no fallarles, y ser capaz de encontrar la clave, ese juguete que mueve su mundo … es una tarea ímproba, a veces agotadora… y una vocación en sí misma, una elección de felicidad.

Gustavo Martín Garzo termina su artículo con una cita:

“Si quieres que tu hijo sea bueno -escribió Héctor Abad Gómez, el padre tan amado de Faciolince-, hazlo feliz, si quieres que sea mejor, hazlo más feliz. Los hacemos felices para que sean buenos y para que luego su bondad aumente su felicidad”.

Cuando leo estas cosas deseo volver al comienzo, recuerdo tantos momento en que no he sido un guardián entre el centeno, … suerte que mis hijos, cuando tengan hijos quieren educarlos en familia… ¡ufff! Quizás no lo hemos hecho del todo mal.

PS: pueden leer el artículo completo aquí

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Un comentario en “claves educativas

  1. Hola Ipe, te entiendo, yo tambien pienso a veces ¿por que no empezamos antes? pero mis hijos tambien quieren educar en familia a los suyos, quiza comenzamos a tiempo.Ya me pasaras la autobiografia de Garcia Marquez, me gustaria leerla, mucho…Besos a montones.Elvira.

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