Una clase aparte

Rob Blackhurst. Publicado: 20 de junio 2008 en el suplemento dominical de Financial Times. Aquí el original en ingles.

Traducción gentileza de Carlos Herrero Canencia

Son las 11 de la mañana del martes. En toda Gran Bretaña, suenan los timbres de las escuelas y los pasillos se llenan de adolescentes que vociferan en el trayecto entre la clase de geografía y la de ciencias. Van formulando excusas por no haber hecho los deberes, compartiendo cotilleos. Pero en otra parte, podemos ver una visión alternativa de la educación actual británica. En mesas de cocina y sofás de barrios residenciales, en museos y parques, un grupo creciente de niños educados en casa aprenden sin pizarras, horarios establecidos o uniformes.

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En un club de rugbi en Bromley, en el cinturón urbano de Londres, nueve padres que educan en casa ofrecen a sus pupilos un día de “socialización”. Entre el bullicio, algunos niños de infantil mezclan pinturas y juegan con purpurina. Dos niños de unos 11 años echan una partida al futbolín, y dos muchachos – amigos desde hace 30 segundos – se pelean por ver a quién le toca jugar con el castillo de juguete.

Alex, un niño de siete años, pálido, más pequeño de lo normal con dyspraxia y autismo, ha enfadado a Sam, de 10 años, que tiene el síndrome de Asperger – lo que quiere decir que a él también le resulta difícil relacionarse con otras personas. “No es justo. Márchese, márchese, ” grita Sam. El padre de Sam, cual Salomón, llega corriendo para dirimir la contienda. Cuando la discusión se resuelve aparece una muchacha jadeando contando que ha visto que un niño se subía al tejado.

En otro rincón hablo con una niña de 10 años, muy tranquila, a la que su madre sacó de la escuela porque pensaba que tenía un nivel más avanzado que el resto. Me recita de carrerilla una lista de clásicos infantiles: ” Estoy leyendo Just Williams* . Los leeré en dos días. Terminé el Hobbit. Y ahora estoy con el quinto libro de las Crónicas de Narnia.” Aunque es precoz, no tiene conciencia de ello. Como nos vamos acercando a la Pascua, le pregunto si se tomará vacaciones como en la escuela. ” No las necesitamos. Aprendemos en cualquier parte. Por ejemplo, cuando fuimos al sur de Francia, aprendimos cosas sobre Francia en las vacaciones. “

La educación en casa está en alza en Gran Bretaña desde los últimos 10 años. Ya que no hay ninguna disposición legal que obligue a los padres a informar a las autoridades educativas sobre la instrucción de sus hijos, el gobierno no tiene ni idea de cuántos niños están en esta situación. Sólo si un niño comienza la escuela y es retirado de ella queda registrado oficialmente. Pero esto deja fuera a los miles de los niños que nunca comienzan la escuela.

Mike Fortune-Wood, un investigador favorable a la educación en casa, estima que hay alrededor de 50.000 niños educandose en el hogar, pero señala que el número crece rápidamente: “El aumento está en un 17% anual. Si se mantiene esta tendencia, las escuelas pueden sentir miedo alrededor del 2020”. Aún así, Gran Bretaña está varias décadas por detrás de los EEUU donde estiman que hay 1,2 millones de niños educados en familia, en gran parte por razones religiosas.

A diferencia de Alemania, donde la educación en casa está prohibida, en Gran Bretaña nunca ha sido obligatorio por ley el enviar a los hijos a la escuela. La única obligación es que cada niño reciba ” una educación eficiente de jornada completa conveniente a su edad, capacidad y aptitud … acudiendo a la escuela o de cualquier otra manera “.

Pero con esta definición los padres tienen un amplio abanico de posibilidades. No tienen que seguir el plan de estudios nacional, matricular a sus niños para los exámenes, seguir el horario escolar, dar clases magistrales, o calificar sus trabajos. Los inspectores del ayuntamientos pueden pedir cada año información por escrito sobre la educación que el niño está recibiendo, pero no tienen derecho a ver al niño o visitar la casa. Aunque si un ayuntamiento detecta que un niño no está recibiendo una educación “conveniente” tiene potestad para enviarlo a la escuela. En la práctica, sin embargo, los tribunales raras veces dictaminan en favor de la autoridad municipal.

La madre de Sam, Ana Newstead, es portavoz del grupo de apoyo de Educación alternativa del área de Kent. Ella retiró a su hijo de la escuela en julio de 2005 porque estaba sufriendo acoso escolar: ” Las diferencias entre él y sus compañeros de clase se fueron haciendo más obvias. En la escuela no le estaba permitido tener una reacción histérica. No puedes comenzar a gritar y gritar en clase. ” Ana y su marido Roarke dieron al hermano mayor de Sam, Josh, de 12 años, la opción de elegir entre quedarse en la escuela o dejarla. Al principio optó para quedarse. Dijo, “Tengo amigos en la escuela, tenemos un proyecto realmente interesante en este momento”. Continuó durante un día. Esa noche cuando entré en su cuarto. Estaba lloroso y dijo: ‘ No quiero volver mañana ‘.” El hermano menor de Sam, Will, de seis años, también se educa en casa.

¿Tienen los niños alguna queja? ” Vivimos frente a la escuela y escuchan a los niños jugar. Creo que eso lo echan de menos. Pero no recuerdan que era el hecho de que fuera algo diario lo que les molestaba” Los niños al borde de la adolescencia, sin embargo, pueden sentirse sofocados por la educación de casa. “Como están más cercanos a nosotros, dejarles su espacio lejos de nuestra vista puede ser un poco más difícil, ” dice Newstead. “Si [mi hijo] tomara un autobús escolar cada día, sería totalmente independiente. Ahora no lo es”.

En EEUU, el 75 por ciento de las familias que educan en casa son cristianas practicantes – y un tercio de este número cita la religión como su razón principal para escoger la educación en casa. En la secular Gran Bretaña, sólo el 8 por ciento opta por esta educación por motivos de fe. Pero este es un factor que contribuye a las críticas de quienes sienten que el Estado se ha vuelto demasiado permisivo.

Modupe ha llegado a Gran Bretaña desde el África occidental después de estudiar una licenciatura en una prestigiosa universidad de la costa Este. Está educando a su hijo, Theo, en casa, con un plan de estudios en parte basado en las enseñanzas del pionero de la educación en casa del siglo XIX Charlotte Mason. Mason advirtió sobre los peligros de insultar la inteligencia de los niños dándoles a leer “tonterías”, y la lista de lecturas de Theo está provista de clasicos tan “persistentes” como The Pilgrim’s Progress de John Bunyan (es una alegoría cristiana escrita en 1678, lo leían en Mujercitas) y Our Island Story, de H.E. Marshall (un volumen exponente del patriotismo eduardiano (Eduardo VII, 1901-1910) que hace ya mucho que ha desaparecido de las aulas británicas, aunque se sigue siendo estudiando en las escuelas de África). ” Los libros de ahora no te hacen pensar, ” dice Modupe. ” Se diría que son sólo un mero entretenimiento. Es importante que Theo sea consciente de la historia de este país. ”

Theo asistía a una escuela privada en el sur de Inglaterra. Su profesora – parece que vivía en pareja – quedó embarazada. Como cristiana, Modupe se sentía incómoda al tener que responder las preguntas de su hijo sobre por qué una mujer soltera iba a tener un bebé. Además le preocupaban los indicios de racismo en la escuela: el hijo de Modupe fue el único chico de su clase que no fue invitado a una fiesta de cumpleaños de un compañero de clase durante tres años consecutivos.

También sentía que los profesores tenían bajas expectativas sobre su hijo. Un profesor le dijo: ” Es muy bueno que lo mantenga ocupado para que no se meta en problemas”. “Aún no había hablado con mi hijo, ” dice Modupe, “pero ya tenía una predisposición negativa hacia él.” Al ser un muchacho sociable, Theo se enfadó en un primer momento cuando le sacaron del colegio: ” Al principio se quejó diciendo que había arruinado su vida. Pero la socialización de la escuela no es la clase de socialización que queremos.”

Ronald Meighan, un antiguo profesor de Educación de la Universidad de Nottingham, ha formado parte del movimiento de educación en casa desde los días en que eran una minoría sitiada. En 1977 sólo conocía a unas 20 familias que educaran en casa en Gran Bretaña. ” La educación en casa comenzó como una forma de vida alternativa para quienes vivían en minifundios, ” explica. ” La gente que creía en una sociedad mejor y más autosuficiente también creía en una forma más autosuficiente de educación. En las primeras reuniones de Educación Alternativa, yo era el único que lleva traje. Pero el mensaje de que este tipo de educación podía funcionar con nosotros llegó a convencer a doctores, abogados y profesores. El Sonido de la Música – que muestra una familia mientras educa en casa – les dio una inyección de optimismo. ”

De todos modos esto era una opción de vida aventurada. Antes de los años 80, a los padres que educaban en casa a sus hijos era muy probable que les retiraran la custodia. En los años 60 y 70, una generación de mártires de educación en casa luchó contra el gobierno en los tribunales consiguiendo restringir en gran medida los poderes de las administraciones educativas locales. Ahora, las actitudes oficiales han variado. Algunos ayuntamientos proporcionan materiales en línea para la educación en casa y les permiten sacar un más libros de la biblioteca. Otros, sin embargo, aún tienen inspectores profundamente escépticos sobre el valor de educación en el hogar.

Meighan es un proselitista de la “conversación con una finalidad” – cree que la discusión a fondo es el modo más eficaz de enseñar a los niños. Asegura que la educación formal es activamente dañina: saca a los niños del ambiente cómodo de casa en el que su curiosidad natural prospera y donde aprenden mejor.

Según un estudio realizado entre 297 familias que educan en casa por Mike Fortune-Wood, el 62 por ciento nunca usa horario, el mismo porcentaje nunca consulta el plan de estudios nacional, y el 50 por ciento discrepa con la afirmación de que un niño debería ser capaz de leer a la edad de ocho años. Mike Fortune-Wood , que educa en casa a cuatro niños, dice: “Sé de niños que han comenzado a leer a los 9 ó 10 años, y no hay ninguna indicación de que lo hagan peor que otros. Uno de nuestros niños no leyó hasta los 9 ó 10 años – y ha terminado un MA en escritura creativa.”

. . .

Una semana después me inscribo en un viaje a una granja escuela en medio de los exuberantes paisajes de los South Downs. En una colina barrida por el viento, entre el balido de cabras pigmeas, conozco a Janice, una ex policía convertida en homeópata que educa a su hijo de 11 años en casa. Jesse es un hábil futbolista que durante la mayor parte del viaje sólo es un punto que se mueve rápido en el horizonte. “Nunca he ido a la escuela pero no suena muy bien”, me dice durante un período de dos minutos de pausa antes de lanzarse al terreno de juego. “Este niño en una escuela que conozco acabarían tirándolo al cubo de la basura”.

Janice educa en casa, ya que, “al igual que la mayoría de los varones, Jesse tiene una enorme cantidad de testosterona. Y el sistema escolar no lo permite. Jesse no absorbe información durante más de 20 minutos. Tiene que correr alrededor del jardín y desfogarse durante un minuto y luego volver. “Jesse sigue la pedagogía “Unschooling”:” “No seguimos el currículum nacional. Su escritura va evolucionando realmente bien, pero a su ritmo. No podría estar en el nivel que le correspondería por edad. Debería estar en una clase de lectura especial porque no empezamos a leer con él hasta los siete años y medio”

Jesse es un “aprendiz práctico” así que que aprende “experimentalmente” – a través de salidas, visitas a museos, fotografiando y creando cuadernos con dibujos propios, recortes de periódicos y revistas. Tiene sesiones diarias de matemáticas e inglés y una sesión semanal con un tutor privado. Pero la confianza en sí mismo de Jesse es lo que su madre considera el principal logro de la escuela en casa: “Es tan seguro. Dio una charla sobre el entrenamiento futbolístico a un grupo de padres. Habla con tanta autoridad. Cuándo está entrenándose siempre incluye a los más pequeños.”

¿Por qué ha aumentado el número de niños educados en casa tan rápidamente en los últimos cinco años? En el Reino Unido, las minorías religiosas y étnicas que educan en casa – los musulmanes, los gitanos, presbiterianos, travellers (gente que no tiene domicilio fijo y deambula) y otras religiones minoritarias – han crecido en número, pero no han sido la principal fuente de reclutamiento como sucede en los EE.UU. Otros factores han sido más importantes como el aumento de niños diagnosticados con necesidades especiales, los padres que huyen de los exámenes y objetivos del sistema público británico, la disponibilidad de material didáctico en Internet y la duplicación de los precios de los colegios privados en la última década.

Sin embargo, una encuesta entre 34 ayuntamientos demostró que, con mucho, el factor más importante era el acoso escolar: el 44 por ciento de los padres lo cita como la razón por la que retiró sus hijos de la escuela. En esta época en la que se guardan menos las formas, los padres están menos dispuestos a confiar en los maestros, y cuando se enfrentan a un problema como es el acoso escolar, lo resuelven por sí mismos.

A pesar de sus orígenes un tanto anarquistas, la educación en casa actualmente es más que nada un producto de consumo. Por ejemplo, la familia Norton. Viven en un barrio residencial cerca de Rochester, donde Rob trabaja desde su casa para British Telecom, y es sargento de intendencia de un escuadrón del Ejército Territorial (cuerpo voluntario que se organiza para poder atender emergencias), mientras que Karen trabaja en turnos de tarde en el centro comercial local. La pareja desescolarizó en Semana Santa a su hijo de 11 años de edad, Andrew, después de que este pasara de una escuela primaria a una secundaria con 2000 estudiantes. Fue, dice Rob, “una fábrica industrial de educación “. Había “mucha interrupciones, muchos problemas de comportamiento. El lugar es demasiado grande. Registramos todo lo que pasó en dos trimestres en dos hojas de tamaño A4. Estamos hablando de asalto, robo y lesiones “.

Andrew, un muchacho serio, recita una letanía de quejas – desde dibujitos de “expertos” por todo el cuaderno de ejercicios hasta una clase en la que un alumno golpeó otro en la cabeza con una silla. “Odiábamos llevarle al colegio”, dice Karen. “No quería llorar, pero veíamos cómo se contenía. Me preocupaba el hecho de que pudiera hacerse daño”. Los profesores, “intentaron con todas sus fuerzas” resolver los problemas. Pero al final, de acuerdo con Rob, “no obtuvieron el apoyo que necesitaban. Tienen la autoridad, tienen el uniforme, tienen los procedimientos, pero no tienen el respaldo a un nivel superior para hacer frente a los problemas. “

Después de descartar una escuela privada por razones económicas, matricularon a Andrew en InterHigh – una escuela virtual que ofrece clases por Internet en tiempo real cada día de la semana por la mañana. Profesores diseminados por toda Gran Bretaña hablan a los alumnos en casa a través de unos auriculares y un micrófono parecidos al modelo Skype. Dentro de su dormitorio – con carteles de Star Wars, estaciones espaciales de Lego y modelos de helicópteros Airfix – Andrew me muestra cómo archiva sus trabajos por e-mail y cómo sus maestros suben sus apuntes de clase a una base de datos central. No hay ninguna interrupción; cualquier alumno que se comporte mal en el ciberespacio, el profesor le desconecta.

Durante unas pocas horas por la tarde, Andrew hace sus deberes por su cuenta y salta en una cama elástica en el jardín en lugar de clases de Educación Física. La meticulosa contabilidad de Rob muestra al nuevo consumidor de educación en casa: “Hemos calculado que el costo de la gasolina que supone llevar a Andrew al colegio es de aproximadamente 1000 libras esterlinas al año. El curso virtual nos cuesta 2.000 libras. Así que ya hemos amortizado la mitad “.

Los Nortons están educando en casa no porque tengan una visión radicalmente alternativa de la educación. La suya es una decisión pragmática, basada en la creencia de que la educación pública no cumple sus expectativas: “Nosotros, como familia, estamos muy contentos”, dice Karen. “Andrew ha abierto su mundo mucho más”.

El miedo más común es que los niños educados en casa tengan problemas para relacionarse socialmente. Hasta ahora los estudios americanos no lo han demostrado. Las observaciones de niños educados en casa mientras juegan han mostrado que tienen menos problemas en la interacción social que los niños educados en escuelas públicas, y se implican en una variedad de actividades mucho más amplias fuera de casa. Es cierto que los niños educados en casa parecen equilibrados y reflexivos. Pero, ¿ no hay una contradicción entre una filosofía educativa que hace hincapié en la independencia del niño y el hecho de que estén mucho más enclaustrados y dependientes de sus padres?

La educación en casa puede producir, en última instancia, “los padres helicóptero” , constantemente sobre sus hijos, protegiéndolos de los fracasos que podrían considerarse ritos de paso imprescindibles. Y ¿ no debería preocuparnos el hecho de que tantos padres, en particular aquellos bajo la presión de tener niños con necesidades especiales, juzgan la educación pública tan pésima como para tomar la medida drástica, y el sacrificio económico, de educar a sus hijos en casa?

Y lo que es más importante, el crecimiento de la educación en el hogar es un desafío a la concepción secular de la educación universal. Es extraño que mientras el Estado insiste en un plan nacional de estudios detallado y obligatorio para los alumnos de cualquier escuela – ya sea en el Eton College o en un instituto de una zona desfavorecida- los niños que se educan en casa pueden saltarse estas obligaciones por completo. El sindicato de profesores Voice, que representa a 34000 profesionales de la educación, está llevando a cabo una campaña para solicitar que las autoridades tengan más competencias para realizar inspecciones educativas.

Como secretario general, Philip Parkin, dice: “Es absolutamente increíble que no sepamos cuántos niños educados en casa hay y quién les está educando. La sociedad tiene que controlar esto”.

Nota: Algunos nombres han sido cambiados

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Un refugiado por su opción de educar en casa.

Jonatán Skeet, que escapó de su país adoptivo Alemania para llegar a la Isla de Wight cuando le ordenaron enviar sus niños a la escuela o le congelarian su cuenta bancaria, cuenta a Serge Debrebant por qué la educación en casa es la mejor

” No entiendo por qué Alemania se opone a la educación en casa. Sólo sé que las autoridades se habrían llevado a nuestros niños si no nos hubiéramos venido a Gran Bretaña. Soy de Hampshire, pero en 1989 me trasladé a Alemania, donde conocí y me casé con una mujer alemana. Nos establecimos en una ciudad en North Rhine-Westphalia.

Aunque Alemania es el único país industrializado en el cual la educación en casa es ilegal, llegamos a conocer a algunos padres que la promovían. A mi esposa y a mí nos gustó la idea. Nuestra primera hija, Rahel, estaba tan impaciente por aprender que decidimos empezar a enseñarla. Nuestra reticencia a enviar a nuestros niños a la escuela creció cuando vimos lo bien que funcionaba.

En 2002, comenzaron nuestros problemas. Recibimos una carta que nos instaba a matricular a Rahel en la escuela local. Contestamos informando que preferíamos educar en casa. Aunque había oído que algunas familias alemanas que educan en casa habían perdido la custodia de sus niños, quise informar sobre ello. Esperaba alcanzar un compromiso.

Al principio, las autoridades no reaccionaron, pero esto cambió dos años más tarde, cuando tuvimos que matricular a nuestro hijo Immanuel. Esa vez recibimos una ráfaga de cartas. La inspectora local de la escuela nos llamó a su oficina, y al final de la conversación, me advirtió: ” Sr. Skeet, usted no sabe lo que se le avecina ”

Unas semanas más tarde, mi cuenta bancaria fue congelada. El estado nos había multado con más de 6,000 euros, y nos quitaron de la cuenta bancaria la mitad del dinero. Los alguaciles aparecieron en nuestro apartamento para cobrar la otra mitad. Mi esposa me contó más tarde que Rahel pasó miedo e intentó defender nuestro piano. Pero los alguaciles solamente querían las llaves del coche.

Yo trabajaba en una residencia de ancianos en aquel tiempo, y más o menos a la hora del almuerzo miré por la ventana y vi que unos hombres merodeaban alrededor de mi coche. Tenían un remolque y se lo llevaron. Tuvimos que pagar la otra mitad de la multa para recuperarlo.

Continuamos la lucha, pero nos pusimos un plazo de un año. Más allá de ese tiempo, nos preocupaba que comenzara a dañar a nuestra familia. Enseguida empezaron a amenazarnos con más multas. El ministro de Educación de North Rhine-Westphalia nos escribió para decirnos que apoyaba a los ayuntamientos.

Durante el verano del 2006 – cuatro años después de la primera carta de la administración – visitamos a mis padres en Hampshire y fuimos a la Isla de Wight, donde viven aproximadamente 80 familias que educan en casa. Fue una decisión rápida. En tres meses había dejado mi trabajo y nuestro apartamento.

En las últimas semanas en Alemania, la oficina de protección de la infancia nos invitó a una reunión. Sabíamos que era el primer paso para quitarnos a nuestros niños. Pero no nos preocupó. Salimos para la Isla de Wight.”

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