¿Y la pluralidad?

Me he desayunado con un reportaje del El País titulado “La casa no es una escuela“, y de postre un artículo de opinión del catedrático de Sociología en la Universidad de Salamanca, Mariano Fernández Enguita. Llevo toda la mañana revuelta.

El reportaje claramente desfavorable a nuestra opción educativa comienza con una medio-verdad y una mentira:

El debate sobre la escolarización en casa se abre paso en España de la mano del País Vasco, donde el PP y el Defensor del Pueblo defienden su regulación, y de una realidad marcada por extranjeros que habitan parte del año en la costa.

Y continúa sentenciando:

En España la escolarización es obligatoria. Educar en casa -una opción asociada a élites y a familias antisistema- es ilegal salvo en tres supuestos: enfermedad del alumno, vida itinerante o residencia en el extranjero. El resto se equipara al absentismo, un fenómeno sin cifras oficiales.

A mi me gustaría ser una persona mesurada cuando me siento atacada, pero reconozco que me puede la indignación cuando personas que no me conocen, me juzgan y me condenan tan alegremente.

El Sr. Mariano Fernández Enguita me sorprende con esta reflexión, que es la misma que yo utilizo para defender mi opción:

El derecho es a la educación, y la escolarización es sólo un medio, ¿no?

Pues no. La escuela nació para socializar de otro modo que la familia, superando sus limitaciones. Para formar productores y ciudadanos, i. e., personas autónomas en una economía de intercambio y una sociedad demoliberal. Ya otras sociedades habían considerado a la familia insuficiente: desde la polis griega, con sus escuelas y barracones militares, hasta los artesanos y la nobleza medievales, enviando su prole a los talleres y cortes de otros.

Efectivamente durante la mayor parte de la historia de la humanidad, los niños han permanecido en casa, y han salido de ella en la adolescencia, a partir de los 12 años (cuando su personalidad ya se perfilaba) para formarse profesionalmente.

Y el catedrático termina con esta flor,

No olvidemos que no todo es glamour: sectas y confesiones que se aíslan de otras creencias, etnias que desescolarizan a sus hijas púberes, extremistas que huyen del pluralismo… Piénsese en la ofensiva del ultraconservadurismo contra la Educación para la Ciudadanía. Si hoy se objeta la asignatura, ¿por qué no mañana a una escuela impregnada de su espíritu? La escuela es más que un proveedor de desarrollo personal: es un mecanismo de cohesión social.

¿Desarrollo personal? 20 años me ha costado superar los problemas de autoestima que me generó la escuela, por no poder seguir el ritmo de la clase. Es cierto que desescolaricé a mis hijos para protegerlos, y para no tener que gastar una fortuna en psicólogos que arreglaran el desaguisado. Ellos son disléxicos, discalcúlicos y muy inteligentes, sociables y participativos.

Hoy por hoy, y después de haber educado en casa, aunque mis hijos no hubieran tenido problemas de aprendizaje creo que esta ha sido siempre, para nosotros, la mejor opción.

He enviado una carta al periódico, si desean leerla esta como entrada en el blog “mis hijos mi oro

Lamento el tono excesivamente personal de esta entrada, pero hoy no soy capaz de otra cosa. Afectuosamente,
Carmen Ibarlucea

PS: la fotografía del baobab fue tomada por mi hijo mayor en una calle de Dakar en mayo de 2007, cuando fuimos a conocer a la coordinadora de la ONGD panafricana Femmes Sous Lois Musulmanes.

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