la literatura infantil, desde el analisis de J.T. Gatto

Como ya saben, porque no dejo de decirlo en todas partes, me estoy leyendo (poco a poco) el libro “La historia secreta del sistema educativo” y creo que no esta de más compartir en este boletín algunos de sus análisis, no para asumirlos como propios, pero si para pararnos a pensar sobre cuestiones que a veces no llegamos a plantearnos… como por ejemplo, la literatura infantil.

La muerte, un tema básico de los libros infantiles durante cientos de años porque plantea un misterio central para todos los niños, casi desapareció como tema o suceso tras 1916. A los niños se les enseñaba indirectamente que no había dolor; es más, un examen de cientos de esos libros del período de transición entre 1900 y 1916 revela que el Mal tampoco tenía ya ninguna realidad. No existía el Mal, sólo malas actitudes, que eran corregibles mediante terapias de instrucción y ajuste.

Para ver cómo se realizan los objetivos del procedimiento utópico, considere además el cambio súbito que tuvo lugar en la industria de libros infantiles entre 1890 y 1920. Sin explicaciones ni aviso, temas eternos desaparecieron de los textos, para ser reemplazados por lo que se puede considerar mejor como una agenda política. Lo inesperado de este cambio fue señalado por muchos otros indicios de poderosas fuerzas sociales en funcionamiento: el fenomenal crecimiento repentino de hospitales de «investigación», donde la hospital-idad sustituyó al cuidado de los enfermos al estilo doméstico, fue uno de ellos, la igualmente fenomenal aplicación súbita de la escolarización obligatoria, otro.

Ciertamente la vida cambio en Occidente de forma radical a comienzos del siglo XX, modos de vida que habían sido buenos durante más de 3.000 años pasaron a ser aberraciones, pero ¿porqué?

(…) Mediante los libros infantiles, las generaciones mayores anuncian sus valores, declaran sus aspiraciones e intentan socializar a la juventud. Cualquier cambio súbito en el contenido de esos libros debe reflejar necesariamente cambios en la conciencia del editor, no en la clase general de comprador de libros, cuyas preferencias de mercado evolucionan lentamente. Lo que es valorado como logro humano puede ser medido usualmente examinando los textos infantiles. También puede serlo lo que es valorado en las relaciones humanas.

(…) Otro cambio espectacular en los libros para niños tuvo que ver con una dependencia de un personaje de la comunidad para resolver problemas y dar significado a la vida. A lo largo de los siglos XVIII y XIX, la fuerza proporcionada por la vida comunitaria estable era una parte importante de la acción narrativa, pero hacia el final del siglo XIX se hizo sonar una nota totalmente nueva de «yo». Ahora los protagonistas se hacían más competentes, con más control: su necesidad de afirmación familiar y comunal desapareció, para ser sustituida por un nuevo imperativo: la busca de certificación por la autoridad legítima. Las necesidades ahora súbitamente dominantes entre los personajes literarios eran llamadas «necesidades expresivas»: explorar, jugar, gozar, amar, autorrealizarse, intrigar contra los propios padres. A principios del siglo XX, una sólida mayoría de todos los libros para niños se centra en el niño individual libre de la red de la familia y de la comunidad.

(…) Este modelo había sido establecido por los libros de Horatio Alger en la segunda mitad del siglo XIX: ahora con algunas salvajes florituras modernas (como alentar la indiferencia activa a la familia) llegó a dominar totalmente el negocio del libro infantil. Los niños eran invitados a separar sus intereses de los de sus familias y a concentrarse en sus preocupaciones privadas. Algunas voces críticas alarmadas vieron esto como una estrategia de «dividir y conquistar», un medio de separar a los niños de la familia, de forma que pudieran ser más fácilmente amoldados en nuevos diseños sociales. En palabras de Mary Lystad, la biógrafa de la historia de la literatura para niños de la que he extraído mucho en este análisis:

(…) A medida que proseguía el siglo XX, a los personajes de los libros se les dio cada vez más oportunidades de prestar atención a sí mismos. A cada vez más personajes se les permitía mirar hacia adentro a sus propias necesidades y deseos.

(…) Las metas de los protagonistas en la nueva literatura, aunque aparentemente individualistas, casi siempre se encuentran mediante instituciones sociales –esas ubicuas «asociaciones» de John Dewey— nunca mediante esfuerzos familiares. Las familias son representadas como bondadosas distribuciones de dormitorios o cariñosas relaciones jefe-empleado, pero el compromiso emocional con la vida familiar se ignora perceptiblemente. Significativas empresas familiares, como comenzar una granja o enseñarse mutuamente a cómo ver la vida desde perspectivas de diferentes edades, son tan raras que los pocas excepciones destacan como montañas solitarias sobre una amplia y plana llanura.

Para mi, como autora de literatura infantil, esta lectura es una llamada de atención.

Anuncios

Un comentario en “la literatura infantil, desde el analisis de J.T. Gatto

  1. La verdad es que no tengo los suficientes conocimientos sobre este tema, pero me han hablado mucho y bien sobre “el psicoanálisis de los cuentos de hadas” lo conoces? creo que entronca muy bien con este capítulo.

    Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s