"10 mentiras sobre la no escolarización"

Durante las vacaciones de Semana Santa tuve la oportunidad de leerme el libro escrito por una madre homeschooler, Sylvie Martin-Rodriguez y publicado en nuestro país por la Editorial Precipité. Un libro muy recomendable para quienes quieren tener en sus manos un compendio de información razonada sobre la educación en familia (EeF) y argumentos para desmontar los tópicos más frecuentes a que nos enfrentamos.

Sylvie Martin-Rodriguez nos habla de los diez tópicos con los que más se topa en su cotidianidad, y pese a vivir en un país, Francia, donde la ley de educación reconoce el legítimo derecho de los padres a educar a sus hijos sin delegar en terceros, y hay una regulación clara de este derecho en la que se especifica que los inspectores escolares son quienes deben estar al tanto de la evolución madurativa del menor, sin exigir a su padres, ni al niño, que mantenga el mismo ritmo que los menores escolarizados, sino que se encamine hacia los objetivos generales de la educación a su propio ritmo, pues bien, pese a todo esto… las 10 mentiras que nos comenta Sylvie, podríamos hacerlas nuestras. Para ella, esos diez tópicos infundados son:

 1.- La escolarización es obligatoria
 2.- Sin escuela el niño no está “socializado” o “sociabilizado”
 3.- La enseñanza en casa impide el desarrollo de la autonomía del niño.
 4.- Los niños que no van a la escuela no pueden aprender
 5.- Niño no escolarizado, niño libre, niño tirano.
 6.- A los niños les gusta la escuela.
 7.- Los niños no escolarizados no pueden beneficiarse del ideal: “La escuela, una oportunidad para todos”
 8.- Sin escuela, sin título, no hay salida.
 9.- No todo el mundo puede hacerlo.
10.- Familias que no escolarizan: sectas.

El libro me ha gustado mucho, está escrito en una forma muy amena, al tiempo que ofrece datos relevantes para cualquiera que esté interesado en la cuestión, ya sea una familia que educa en el hogar o una persona preocupada por la realidad de unos niños y niñas que crecen siendo una minoría en nuestra sociedad escolarizada. 

He hablado de mis capítulos favoritos que son el 8 “Sin escuela, sin título, no hay salida” y el 9 “No todo el mundo puede hacerlo” en mi blog personal, pueden leer la entrada completa AQUÍ, y he comentado el capitulo que abre la reflexión “La escolarización es obligatoria” en el blog de Madalen Goiria “La opción de educar en casa“, si pinchan sobre el nombre del blog irán directamente a la entrada referida.

Como pueden imaginar, queda mucho por decir si solo he dedicado una reflexión a tres de las diez mentiras. Y eso es lo que voy a compartir aquí.

Como quedó dicho en la introducción a esta reflexión, en Francia educar sin escuela está legislado, por lo que quienes creen que “La escolarización es obligatoria” simple y llanamente no están bien informados y se dejan llevar por la costumbre, tanto como quienes en nuestro país creen que las niñas y los niños deben obligatoriamente comenzar el colegio a los 3 años de edad.

El segundo tópico “Sin escuela el niño no está “socializado” o “sociabilizado“” nos ofrece datos relevantes sobre la cuestión que más veces se usa como arma contra nosotros, la autora explica que en el estudio llevado a cabo por Richard G. Medlin, titulado “Home schooling and the question of socialization” mostraba que las personas educadas en casa se implican en su comunidad, han adquirido las normas de comportamiento necesarias y demuestran una buena madurez social y cualidades de dirigentes.
Y otro estudio, este realizado por Lary Shyers bajo el titulo “Comparison of social adjustment between home and traditionally schooled student” donde se ha observado a una muestra de 140 niños y niñas de entre 8 a 10 años, de los cuales 70 eran homescoolers y 70 iban a la escuela, dando como resultado que existían ocho veces más problemas de comportamiento entre los escolarizados, que entre sus iguales sin escuela. Según el estudio los niños y niñas escolarizados son más competitivos, agresivos y ruidosos por norma general, mientras los niños educados en casa suelen ser mayoritariamente tranquilos, cooperativos y positivos.  

El tercer tópico al que solemos enfrentarnos es que “La enseñanza en casa impide el desarrollo de la autonomía del niño” la disquisición de la autora va desde la pagina 57 a la 63, pero si debo reseñar alguna de sus reflexiones, indudablemente me quedo con la pregunta final “¿Acaso el niño que sigue su propio programa no es autónomo?

Y llegamos al capitulo 4, donde encontramos uno de esos comentarios infantiles que nos hacen sonreír, por la simplicidad del argumento; “Los niños que no van a la escuela no pueden aprender“. Todos sabemos que las niñas y los niños saben mucho más de lo que les enseñan en clase, porque gran parte del día se encuentran expuestos a estímulos no escolares, como juegos, conversaciones, películas y documentales, lecturas por placer, excursiones y convivencia familiar. Sylvie nos recomienda el estudio comparativo realizado por Olivier Maulini sobre el aprendizaje del snowboard, un deporte considerado fácil, frente al aprendizaje del esquí que se considera dificil… l@s dejo con la intriga.

Y avanzando en la lectura, llego a un mentira o tópico con el que rara vez me he encontrado, quizás porque generalmente quienes me han interpelado por la opción habían conocido a mis hijos de antemano, y ni en su infancia, ni ahora en su adolescencia se podría decir de ellos “Niño no escolarizado, niño libre, niño tirano” porque son en lineas generales, y cada cual según su propio carácter, dos personas muy agradables, fáciles de convivir y con una gran capacidad para adaptarse a las circunstancias… eso sí, sin olvidar quienes son. Perdónenme si me he excedido en esta exposición tan personal, pero supongo que de las 10 mentiras, quizás sea esta la que encuentro más insidiosa, y coincido con la autora en que “la frustración perpetua no permite la empatía

Sobre el capítulo seis también he hablado en mi entrada personal, creo que es injusto pensar que “a todos los niños les gusta la escuela”, sin embargo pensar que a todos les disgusta, como afirma Sylvie Martin-Rodriguez me parece igualmente injusto, porque a lo largo de mi vida personal y profesional, me he ido encontrando niñas, sobre todo, y niños que disfrutan de la escuela, de las clases y de sus relaciones de amistad. Quizás para nosotros esto sea tan sorprendente como para la mayoría lo es pensar que una niña o un niño disfrute más en compañía de su familia, que lejos de ella.

La mentira más dura, y sin embargo la más aceptada socialmente, es que “la escuela es una oportunidad para todos“. Indudablemente ha tenido un gran potencial en el pasado, yo misma conozco, acá en Extremadura, a un médico hijo de padres analfabetos… pero creo que ese afán de superación tiene un gran componente de motivación familiar, analfabeto no significa inculto, ni carentes de sueños. Sin embrago, en la actualidad… de hace unos 30 años, las escuelas han comenzado a ser una herramienta de control social, y la movilidad social se va haciendo cada vez más dificil.

La autora nos ofrece datos muy interesantes al respecto, como esta declaración de la socióloga Marie Duru-Bellat:

La influencia de las características del contexto escolar en la génesis de las desigualdades sociales de la vida académica, se confirma hoy en día. Así, se sabe 1) que se aprende más o menos bien según los contextos (maestros, centros escolares); 2) que los usuarios más informados lo saben y que intentan, con éxito, que sus hijos se beneficien de las mejores condiciones de enseñanza; 3) que las desigualdades sociales de las vidas académicas tienen que ver por una parte con las desigualdades acerca del contexto. (…) En general, los centros eficientes acogen más a menudo a un público procedente de la clase acomodada. Se sabe, desde los análisis Coleman en los años 60, que la composición de los alumnos es un ingrediente importante en las progresiones y las vivencia escolar, con mejores progresiones en las escuelas con alumnos procedentes de clases favorecidas.
(…) la escuela está directamente cuestionada por la desigualdad de adquisición de conocimientos, la desigualdad entre alumnos y la desigualdad social, aún más cuando se sabe que el simple hecho de frecuentar una escuela no las atenúa, sino al contrario”

Y en palabras de Jean-François Hersent:

“Hoy en día, no se puede negar, a pesar del discurso tranquilizador de la institución escolar, que las condiciones de enseñanza, en particular el contenido de las clases, difieren según el centro escolar, y más a menudo, en detrimento de los que están clasificados en Zona de Educación Prioritaria”

Y así llegamos a los capítulos que me tocaron el corazón, “Sin escuela, sin título, no hay salida” y “No todo el mundo puede hacerlo”
Respecto al primero, en mi blog personal extracté un párrafo que voy a compartir aquí:

Según el Instituto Nacional de Estadística y de Estudios Económicos (INSEE): Un 12% de personas entre los 18 y los 65 años se encuentran en situación preocupante frente a la comprensión y expresión escrita” y que “en Francia entre las personas que han sido escolarizadas, el 9% se encuentra en este caso y pueden ser consideradas en situación de analfabetismo”

El libro también aporta datos del estudio realizado por LED’A acerca de la obtención de títulos de niños no escolarizados, y son los siguientes:

– 23% han conseguido el bachillerato o titulación superior.
– 27% han conseguido el titulo de enseñanza obligatoria (BEPC) equivalente a 4º de la ESO, y de ese 27% un 71% continúan estudiando.
– 15% tienen un titulo relativo a una formación determinada.
– 23% no tiene titulo, pero están estudiando.
– 12% no tienen titulo pero trabajan generalmente en sectores artísticos o agrarios.

Sobre el punto nueve, quien puede y quien no puede hacerlo, les recomiendo la lectura de las vivencias de la recién premiada periodista británica Caitlin Moran, que fue educada en el hogar a partir de los 11 años. He escrito sobre ella en el blog “La opción de educar en casa” (por si quieren ampliar la información), pero lo relevante en este caso es que ella se educó en una familia de 8 hermanos, en un piso de protección oficial donde no había lecciones, ni libros de texto, ni exigencias de orden… sino, simple y llanamente, acceso ilimitado a la biblioteca pública y clásicos del cine.

Y por fin llegamos al gran estereotipo, quienes educan en casa son personas extravagantes, seguramente pertenecientes a alguna secta, entendiendo por secta una de esas organizaciones oscuras y alienantes que como los  dementores en el mundo  mágico de Harry Potter te roban la alegría y la capacidad de pensar por ti mismo; lo que motiva que quienes no quieren pasar por locos olviden que la democracia es un sistema político que debe garantizar una convivencia plural.

En este capítulo y haciendo uso del sarcasmo, Sylvie Martin-Rodriguez, se va al organismo francés encargado de la vigilancia y lucha contra las sectas, para buscar la definición de secta… y encuentra esto:

– Adhesión incondicional.
-Rechazo del mundo exterior.
-Exigencia de una disponibilidad cada vez más importante, de contribuciones económicas excesivas.
– Proselitismo abusivo.
– Adoctrinamiento de los niños.
– Estructura organizada según un modelo autoritario, opaco y compartimentado.
– Control mutuo de los miembros.
– Dificultades para dejar el grupo.
– Adopción de un lenguaje propio.
– Modificación de las costumbres alimentarias.
– Situación de ruptura con la familia o el entorno social.
– Compromiso exclusivo hacia el grupo.
– Sumisión absoluta y devoción hacia los dirigentes.
– Pérdida del espíritu crítico y respuestas para todos los interrogantes existenciales.

Bien, saquen ustedes sus propias conclusiones.

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